sábado, agosto 18, 2007

Las nuevas tecnologías tiñen de luto el 25° aniversario del CD

• El soporte se publicitó en 1982 como el formato de sonido definitivo

• En un cuarto de siglo se han vendido 200.000 millones de discos compactos

Pieter Kramer, uno de los padres del disco compactoEn el 2002, el músico electrónico Kid606 compuso un tema al que llamó, en su traducción al castellano, El MP3 mató a la estrella del CD. La canción, de casi 12 minutos, suponía una adaptación a los nuevos tiempos del clásico El vídeo mató a la estrella de la radio, de The Buggles, con el que fue lanzada la cadena televisiva MTV. Cuatro años después del primer tema y 26 del segundo, puede decirse que Kid606 tenía razón y The Buggles no. La radio sigue gozando de buena salud, pero ese casi obsoleto formato digital óptico, que fue anunciado como el definitivo para el disfrute de música, cumplió ayer 25 años en estado de coma. Las nuevas formas de almacenar sonido, todas intangibles, lo están matando.

Puede que el CD sea el último formato musical físico --es decir, el último objeto-- del que disfruten los consumidores, y, desde el punto de vista ecológico, esta es una buena noticia, pues supone un ahorro de plástico. Pero es difícil que los ingenieros de Philips que crearon, en colaboración con los de Sony, el primer disco compacto, aquel 17 de agosto de 1982, pensaran que este iba a tener una vida tan efímera. Al fin y al cabo, los anteriores formatos de audio habían durado mucho más. Tuvieron que pasar 56 años para que el disco de vinilo fuera desbancado en número de ventas, precisamente por el CD. Pero los tiempos están cambiando y los inventos cada vez duran menos.

Aun así, Philips publicó ayer un comunicado de prensa con el que celebra de forma bombástica este cuarto de siglo --200.000 millones de compactos vendidos, dice--, y no menciona en ningún momento el ocaso del formato. El texto cuenta que el grupo que ostenta el honor de poder escuchar su música por primera vez en CD es Abba, con su disco The Visitors, un conjunto que hoy suena en toda fiesta de sexualidad tolerante que se precie, pero que entonces, como el compacto ahora, estaba de capa caída.

UN TAMAÑO PARA BEETHOVEN

Después llegaría Brothers in arms, de Dire Straits, el primer disco grabado íntegramente de forma digital. En aquella época, sin embargo, el mercado del CD estaba dirigido principalmente a los consumidores de música clásica. Se pensaba que estos eran más exigentes y receptivos a la limpieza de sonido que traía consigo el nuevo formato. No en vano, dice la leyenda que el responsable del tamaño de los compactos no es otro que Ludwig van Beethoven: el artefacto pasó de 11,5 a 12 centímetros de diámetro para que en él cupiera la versión de la Novena Sinfonía del compositor alemán, dirigida por Herbert von Karajan.

Quizá sea verdad. Lo que no es cierto, y esto se conoce ahora pero no entonces, es que el CD suponga esa especie de Hércules de los formatos musicales que tanto Philips como Sony quisieron vender. La publicidad decía que el compacto era prácticamente indestructible, que ni se rayaba ni se veía afectado por la fuerza de los elementos.
Hoy, todo consumidor de música tiene en casa al menos un CD ilegible para su reproductor y, gracias a un estudio del CSIC del año 2001, se sabe de la existencia de un hongo, de tipo Geotrichum, que se alimenta del carbono y el nitrógeno de la capa plástica del disco, y así, poco a poco, destruye las pistas de información grabadas en su capa de aluminio.

Mientras tanto, el vinilo ha llevado a cabo un recorrido inverso al del compacto. A mediados de los años 80, hubo agoreros de todo tipo que proclamaron su muerte. Hoy solo hace falta desplazarse a cualquier discoteca de mediana entidad para comprobar que la música que surge de los altavoces viene de un añejo acetato. En algunas pistas, incluso se escucha El MP3 mató a la estrella del CD en riguroso vinilo. Paradójico.

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