Un gen clave en la aparición de tumores tan diferentes como el cáncer de intestino, de mama, de útero o de páncreas también podría actuar también como un freno (o un acelerador) en la aparición del cáncer de pulmón. Entre otras misiones el gen LKB1 tendría la de frustrar la formación de este tumor, pero las versiones mutadas o alteradas acelerarían la enfermedad. A esta conclusión han llegado científicos de tres centros de Estados Unidos tras estudiar en ratonesla función de LKB1, un viejo conocido de los investigadores oncológicos.
Esa capacidad para bloquear o acelerar el desarrollo de los tumores la poseen los genes supresores de tumores. Aunque los autores de este estudio aseguran que sus trabajos permiten predecir que LKB1 es más poderoso que otros genes supresores conocidos. Las múltiples funciones de este gen actúan en todas las fases del desarrollo del tumor, desde el inicio. Participa en la transformación de las células sanas del pulmón en células cancerígenas, así como en la metástasis o en la diseminación del tumor a otras zonas del organismo.
Las conclusiones de los científicos estadounidenses se presentan hoy en la edición digital de la revista «Nature». Y lo hacen con el optimismo de haber dado un paso importante en el abordaje del cáncer de pulmón. «Si se confirman en tumores humanos los resultados alcanzados en ratones, podríamos mejorar el diagnóstico y el tratamiento de los enfermos», apunta Kwok-Kin Wong, coordinador del estudio desde el Instituto del Cáncer Dana Farber.
La presencia mutada o alterada de este gen actuaría como un marcador para predecir el desarrollo y expansión de la enfermedad. Los oncólogos podrían indicar tratamientos más agresivos en pacientes en los que se haya comprobado la alteración. Los mecanismos regulados por este gen también podrían convertirse en posibles objetivos terapéuticos.
Enfermedad más agresiva
El estudio se realizó con ratones con una forma defectuosa de otro gen llamado Kras, que conduce a la formación y crecimiento del cáncer de pulmón. Los científicos vigilaron el desarrollo de la enfermedad en animales en los que también estaba mutado LKB1, y compararon los resultados con otros ratones que tenían alterados otros genes supresores de tumores. Descubrieron que la combinación de las mutaciones en Kras y LKB1, no sólo conducían a la aparición de tumores más agresivos sino que se formaban carcinomas de pulmón de células escamosas y grandes, de peor pronóstico.
Un supresor tumoral potente
El equipo del doctor Wong define a LKB1 como «un potente supresor tumoral», aunque también está convencido de que existen otros con esa capacidad «aún por descubrir». La importancia de este supresor tumoral no ha pasado desapercibida para otros grupos de investigación.
A menudo este gen se encuentra mutado en personas con el síndrome Peutz-Jeghers, en los que existe una mayor incidencia del cáncer. Conocer las mutaciones en este gen y sus funciones son vitales para el control del cáncer y, en particular de el de pulmón.
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