jueves, octubre 30, 2008

Los ordenadores personales serán cada vez más íntimos

El ordenador personal del futuro será muy diferente del actual. Se llevará puesto y se adiestrará como a un perro. Estará dotado de Inteligencia Artificial y contará con algunas capacidades cognitivas (como razonamiento, “sentido común” y aprendizaje por experiencia) que lo hará más intuitivo y capaz de auto-reconfigurarse, auto-repararse y de auto-adaptarse a entornos imprevistos. Su perfil se acercará más a las criaturas vivientes que a los objetos inanimados y se convertirá en auxiliar inseparable de las personas. Por Sergio Moriello.

Los ordenadores personales serán cada vez más íntimos
En esencia, una computadora convencional no es más que una máquina que obedece servilmente la secuencia de instrucciones que se le ordena. Su abrumador éxito (1) reside en que son máquinas universales -o de propósito general-, cuya especialización se efectúa posteriormente a través del software que se le carga. De allí que toda su “inteligencia” reside en el programador o equipo de programadores.

Básicamente, consiste en una unidad de procesamiento conectada a un área de almacenamiento de datos (memoria principal) y equipada con dispositivos de entrada/salida (que transfieren datos entre la computadora y su entorno).

En esta arquitectura (conocida como von Neumann), la unidad de procesamiento controla el funcionamiento de todo el sistema y procesa los datos que le llegan, mientras que la memoria principal almacena dichos datos, así como las instrucciones. De esta manera, para aumentar la capacidad del sistema se debe incrementar la velocidad de la unidad de procesamiento, la capacidad de almacenamiento de la memoria o el “ancho” del canal de conexión entre los componentes.

Enorme crecimiento

Desde la invención del circuito integrado en 1961, el número de transistores que conforman tanto la unidad de procesamiento como la memoria se ha incrementado varios millones de veces. Reduciendo el ancho de las pistas, aumentando el área del circuito integrado y apilando múltiples capas, se podrán fabricar en el futuro “cubos” de silicio con algunos billones de transistores, alcanzando quizás el límite de esta tecnología. Incluso se podrían integrar -en una sola unidad- las funciones de procesamiento y de memoria, como sucede en el caso del cerebro humano (funciones de razonamiento y almacenamiento).

Con el incremento en la potencia de cálculo y en la capacidad de almacenamiento, pueden automatizarse funciones cada vez más complejas, llegando a implementar procesos que -hasta hace poco tiempo- hubiera sido imposible incorporar.

Una moderna arquitectura, un mejor rendimiento del hardware, un software más elaborado, un canal de comunicación interno más rápido y una reducción en las dimensiones, darán lugar a computadoras personales cada vez más rápidas, livianas, pequeñas y fáciles para utilizar.

Juntos somos más

La habilidad para integrar decenas de millones de transistores en un único chip conducirá a la implementación de sistemas que incluirán varias unidades de procesamiento o “núcleos” (core).

En lugar de hacer que fuese un único pero sofisticado procesador central el encargado de ejecutar secuencialmente todos y cada uno de los pasos de una tarea, un conjunto de procesadores más simples trabajarán en el mismo problema de forma autónoma -pero simultánea y coordinadamente-, logrando un considerable incremento en la velocidad.

Así como hoy ya se observan chips multi-core que contienen dos núcleos, en el futuro podrían existir computadoras escalables que ofrecieran la posibilidad de juntar muchos de ellos, a fin de acelerar la finalización de aquellas tareas complejas o que manejan una gran cantidad de datos.

También será posible escalar memoria, ancho de banda de las interconexiones y capacidades de entrada/salida. De esta forma, se podrá aumentar el rendimiento del sistema en forma gradual y evolucionar desde una pequeña computadora económica hasta una poderosa supercomputadora.

Reconfigurando las cosas

Esta arquitectura puede lograrse a través de la computación reconfigurable. El chip podría estar compuesto por muchas unidades de procesamiento, áreas de almacenamiento y dispositivos de entrada/salida. Dado que estas conexiones pueden alterarse enviando señales al chip, pueden ser reconfigurados por el usuario.

Incluso cada “núcleo” puede estar compuesto por bloques lógicos con conexiones internas que se podrán reescribir y reprogramar repetidamente (y convertirse así en un coprocesador gráfico, matemático, de video, etc.).

En consecuencia, y guardando un conjunto lo suficientemente extenso de configuraciones en sus bancos de memoria, el chip podría ejecutar un enorme repertorio de tareas, pasando -casi inmediatamente- de una “arquitectura” a otra sin borrar la información procesada parcialmente.

En el futuro cercano, se podría concebir el software en dos “niveles”: El primero -y más básico-, a fin de especificar la estructura interna óptima para la tarea a ejecutar, y el segundo, para correr el programa -en el sentido tradicional del software- sobre el diseño configurado. En consecuencia, estas máquinas tendrán la capacidad de auto-repararse y auto-adaptarse.

Los ordenadores personales serán cada vez más íntimos
El PC, machina sapiens

Reuniendo todas estas posibilidades, también se podrá dotar a la computadora personal de ciertos conocimientos de “sentido común” y de grandes capacidades de inferencia.

En lugar de confiar en las habilidades del programador, un verdadero programa inteligente aprenderá de su experiencia, emulando la
mente humana tanto como pueda, especialmente su competencia para razonar y aprender en un ambiente de incertidumbre, imprecisión, incompletitud y verdad parcial, propios del mundo real.

Con hardware y software especial, la computadora será más interactiva, sensitiva y rica sensorialmente. Será “consciente” del entorno, “sabrá” dónde ubicar objetos y mascotas, podrá detectar la presencia de personas y “sentir” dónde están o qué están haciendo en ese momento.

Adicionalmente, se volverá más simple, más cerca del usuario y más “fácil” en todos sus aspectos: instalación, configuración, uso y mantenimiento. Pero, sobre todo, será más confiable, trabajará sin errores, no se “colgará”.

Buena amiga

La computadora personal del futuro también será capaz de reconocer y responder a los estados emocionales del usuario. Una vez que ha registrado sus bioseñales (como la cantidad de latidos cardíacos o el nivel de transpiración general) y reconocido sus patrones propios (como las expresiones faciales y gestuales, las pautas vocales y las entonaciones del habla), el sistema inferirá el estado emocional del usuario y responderá en una variedad de formas a las cuales aquel las vería como “intuitivas”, como si reconocieran y expresaran afecto.

Asimismo, contará con modos de comunicación más naturales y familiares al ser humano: podrá interpretar imágenes (dibujos, fotografías, íconos, videos), sonidos (palabras, ruidos, música) y olores.

Incluso podrá “entender” lo que el usuario le quiere decir y responderle de una manera más “humana”, interactuando y hasta sugiriendo autónomamente información útil. De esta forma, la máquina creará un “modelo mental” de su interlocutor -como hacen intuitivamente las personas- y será capaz de emular las comunicaciones cara a cara.

Calzándose el PC

La computadora personal del futuro también se llevará puesta, con lo cual formará parte de la vida diaria del ser humano, integrándose en la forma de un accesorio tan cómodo de vestir y tan fácil de usar como un reloj de pulsera.

Esta máquina constará de una especie de chaleco -lleno de chips y sensores de diferentes variables- que se conectará al cinturón-batería, de donde se extraerá la alimentación del equipo. La energía generada por el calor corporal, los latidos cardíacos y el movimiento de las extremidades, podrá usarse para alimentar a las baterías.

En vez de un monitor, contará con unos anteojos especiales equipado con microcámaras que integrarán las funciones de cámaras fotográficas, video-cámaras y escáners.

A través del sistema de control visual se podrá controlar muchas de las funciones de la máquina. Aunque resulte increíble, a esa distancia del ojo, la imagen percibida sobre la cara interna de los anteojos será equivalente a la ofrecida por un monitor común situado a varias decenas de centímetros .

Cambio de hábitos

Adecuadamente programada, la computadora personal es una herramienta muy útil para trabajar sobre las propias ideas: probarlas, modificarlas, corregirlas, madurarlas, comunicarlas... Pero ahora se está metamorfoseando, está en el umbral de un trascendente cambio.

Al igual que el auto o el teléfono en su momento, el ordenador personal está cambiado drásticamente la actitud de las personas, ya que influye sobre sus modalidades de percepción y sus modos de pensar.

Como alguna vez dijo el ingeniero argentino Horacio Reggini, lo que la arcilla es a la plástica, la computadora es al pensamiento: permite modelar ideas, manipular abstracciones, plasmar conceptos sin otros límites que la imaginación.

El nuevo paradigma informático estará modelado sobre la elasticidad y elegancia de las criaturas vivientes. El usuario ya no le dará órdenes ni ejercerá un control absoluto sobre ella, sino que le delegará trabajos y supervisará los resultados. Más que programarla o configurarla, el usuario “entrenará” a su computadora de forma parecida a como hoy lo hace con un cachorro.

A modo de síntesis

No es tarea sencilla la de predecir el potencial de una nueva tecnología debido a que su éxito no depende únicamente de su valor intrínseco como innovación, sino también de un abanico de variables entre las cuales destacan la viabilidad comercial y las necesidades sociales.

Es posible que la computadora personal del futuro se vuelva un dispositivo universal que se llevará encima permanentemente y que permitirá -de forma inalámbrica e instantánea- acceder a cualquier otra computadora, servidor o base de datos, o comunicarse con cualquier otra persona, incluso en cualquier idioma y utilizando casi todos los sentidos.

De este modo, le permitirá al ciudadano común satisfacer su interés creativo, investigador, artístico o científico abriéndole nuevos e insospechados horizontes. Tal vez intensifique la capacidad del ser humano para resolver problemas y lo ayude a generar nuevas ideas, a combinarlas de diferentes maneras, a presentar analogías inéditas y a descubrir pautas ocultas… o quizás sea el catalizador para el desarrollo potencial de formas más complejas de pensamiento.

La investigación sobre el envejecimiento encuentra la luz al final del túnel

La revista Science ha desvelado en un singular dossier el estado de las investigaciones sobre el envejecimiento y advertido de las eventuales consecuencias sociales de estos descubrimientos, que nos aproximan a la longevidad e incluso a la inmortalidad sin que la sociedad esté preparada para estos eventuales cambios. Por Eduardo Martínez.

La investigación sobre el envejecimiento encuentra la luz al final del túnel
Para la revista Science de esta semana, la investigación sobre el envejecimiento encuentra en estos momentos la luz al final del túnel, después de veinte años de trabajos en múltiples direcciones.

En este tiempo se ha avanzado mucho respecto a determinar las causas del envejecimiento. Por un lado, los genetistas han identificado a los telómeros, estructuras moleculares que protegen los bordes de los cromosomas e impiden al ADN degenerar. Por otro lado, los biólogos han identificado el proceso de oxidación de las células.

Pero no se sabe todavía qué elementos llevan a los telómeros a degradarse con la edad y si realmente se puede impedir la oxidación celular. Diversas investigaciones han comprobado que alimentando menos a gusanos y ratones se hacen más resistentes al
estrés, lo que aumenta su expectativa de vida.

Esto es así porque el nivel de glucosa y de un factor de crecimiento similar a la insulina disminuyen en los animales que comen menos, lo que debilita el crecimiento de los cánceres y la degeneración biológica.

También en el humano

Este conocimiento es aplicable al ser humano, no tanto condicionando su alimentación durante sus primeros 75 años de vida, sino desarrollando medicamentos que regulen los niveles de glucosa y del factor de crecimiento.

Respecto a la investigación genética, se sabe que la activación o desactivación de algunos genes desempeña un papel fundamental en el envejecimiento.

El oxígeno desempeña también un papel importante en este proceso de degradación, pero al estar asociado a la respiración y consumo de oxígeno, no se sabe cómo evitar su incidencia en el envejecimiento.

La cuestión del envejecimiento, sin embargo, no se limita a la biología o la genética, sino que representa también un dilema social y ético, porque lo que no queda claro de momento es qué persiguen estas investigaciones, si detener el envejecimiento o alcanzar pura y simplemente la inmortalidad física a partir de los avances científicos de los próximos años.

¿Bien público?

Science se pregunta al respecto, al margen de los beneficios de la investigación sobre el envejecimiento, si la degradación biológica debe ser o no evitada por la ciencia a partir de una decisión previa sobre si se trata o no de un bien público.

La duda surge porque los tratamientos contra el envejecimiento no estarían, al menos durante mucho tiempo, disponibles para todo el mundo (como el pan), con lo que ello representará de discriminación social.

Sin embargo, si estos tratamientos llegaran a ser universales, originarían también problemas sociales debido a la interrupción de los procesos naturales que regulan el peso demográfico sobre el hábitat natural.

Estas cuestiones ya son objeto de reflexión por parte de la comunidad científica, lo que confirma el diagnóstico de la revista Science sobre que la investigación sobre los métodos para detener el envejecimiento y, eventualmente, prolongar la longevidad e incluso alcanzar la inmortalidad, se encuentra al final del túnel sin que la sociedad esté preparada para los descubrimientos que se avecinan.

Ellos las prefieren de rojo

Si a la hora de vestir eres de las que optan por el negro, los ocres o los tonos pasteles, y aún no hallas a tu media naranja, es momento de que empieces a pensar muy seriamente en un cambio de ropero.

Un estudio reveló este martes que definitivamente los hombres se sienten más atraídos sexualmente por mujeres que usan el color rojo, igual que otros primates machos como los chimpancés y los babuinos.

Más allá de la compatibilidad de pensamiento y gustos comunes, dos psicólogos británicos de la Universidad de Rochester, Andrew J. Elliot y Daniela Niesta, indagaron en la mente humana para saber por qué el rojo siempre ha representado las pasiones carnales y el amor.

Para Elliot y Niesta, "este efecto afrodisiaco del rojo no sólo es producto de un condicionamiento social, sino que tiene raíces biológicas más profundas". De hecho, se ha demostrado que también entre los primates macho no humanos las hembras que exhiben en rojo son las más atractivas.

Entre los babuinos y los chimpancés, por ejemplo, las partes sexuales de las hembras enrojecen hasta ponerse escarlata cuando se acerca la ovulación, toda una señal sexual para atraer a los machos. "Nuestros resultados confirman lo que ya sospechan muchas mujeres: que los hombres actúan como animales en el reino de la sexualidad", señala el psicólogo.

No por nada el rojo recubre casi todos los regalos de San Valentín, y se ha creado algunas obras y canciones con el protagonismo de este color, como Lady in red, de Chris de Burgh.

Los diez grandes Halloween de la Historia de la Literatura de terror



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Halloween despierta a muertos vivientes y saca a los fantasmas a la calle. Una noche en la que, como afirma Dean Koontz en "Tic, tac?", "el tiempo expira al amanecer". Una noche que se puede pasar en tenebrosa compañía sin salir de casa. He aquí diez obras maestras, las diez grandes obras de la literatura de terror, aunque de las tumbas del olvido ha escapado también una larga caterva de autores que se resisten a convertirse en polvo. Son zombies que reviven después de muerto. El milagro de la literatura.

Miedo contra miedo. Hay teorías que defiende que en tiempos de miedo -el terror de la crisis triunfa en Hallowen- la literatura y el cine reviven su esplendor. Sólo con miedo, por lo que parece, se exhuma otros miedos que vienen empaquetado por las tenebrosas circunstancias. Por simple curiosidad: comprueben los ciclos de crisis con las versiones cinematográficas de "Drácula".

Ustedes tienen la palabra. Y, ya lo advierto, los diez grandes libros de terror de la historia de la literatura. De mi literatura. Pero saldrían otros diez, quince, veinte más sin que decayera el pulso narrativo. ¿Están de acuerdo? ¿Cuál echan en falta? Yo, ninguno.

1. "Los mitos de Cthulhu", de H.P. Lovecraft

Hagan paso al rey: Howard Phillips Lovecraft. Con él renació un género de gritos, de pasos en el silencio. Casas malditas, cementerios vivientes, fantasmas macabros, dieron paso a libros malditos, muertos vivientes que escapan del submundo del terror y seres extraterrestres llegados para acabar con la humanidad.

Lovecraft y su extraordinaria herencia a la sombra de los mitos de Cthulhu -ese círculo que encierra a los también fabulosos Robert Bloch, Robert E. Howard, August Derleth y Clark Ashton Smith-, aparcaron la mirada gótica y expusieron a la intemperie del terror toda la dimensión "cósmica".

Hay una literatura de horror, caos y espanto antes y después de Lovecraft, que reunió en un mismo género terror y ciencia ficción, bajo la advocación de un ser inmemorial e indescriptible, llegado hace eones a la Tierra desde el espacio exterior, y que yace dormido en el fondo del océano.

Basta una cita de "La llamada de Cthulhu" (1928), uno de sus relatos más famosos: "No hay en el mundo fortuna mayor, creo, que la incapacidad de la mente humana para relacionar entre sí todo lo que hay en ella. Vivimos en una isla de plácida ignorancia, rodeados por los negros mares de lo infinito, y no es nuestro destino emprender largos viajes".

Y seguía: "Las ciencias, que siguen sus caminos propios, no han causado mucho daño hasta ahora; pero algún día la unión de esos disociados conocimientos nos abrirá a la realidad, y a la endeble posición que en ella ocupamos, perspectivas tan terribles que enloqueceremos ante la revelación, o huiremos de esa funesta luz, refugiándonos en la seguridad y la paz de una nueva edad de las tinieblas".

Las que surgen en "La sombra sobre Innsmouth", por ejemplo. O, algunos relatos sobrenaturales: "La criatura tras la puerta", "Las montañas de la locura", "El grito", "Dogon", "Polaris", etc. Quizás fue la encarnación de Al Azif Alahazred. Quién sabe.O como dice Houellebecq, "yuxtaposición de lo minucioso y lo ilimitado, de lo puntual y lo infinito".

2. "Narraciones extraordinarias": Edgar A. Poe

El alcohol fue su alimento de su imaginación, el billete de ida a ese mundo de ultratumba que ilustran sus escritos. El camino más directo al infierno sobre el cual tanto escribió. Con láudano o sin él, con alcohol o sin él, Poe triunfó, aunque su vida no fuera más que un desacato a la razón.

Sea o no cierta la tesis de Borges: "La neurosis de Poe le habría servido para renovar el cuento fantástico, para multiplicar las formas literarias del horror". La cuestión es que "el mundo imaginario que creó para eludir su mundo real" perdura, y de qué modo. Poe es punto de partida, junto a Lovecraft, de la narrativa de terror tal como la conocemos hoy y aún sigue siendo insuperable.

En estas "Narraciones extraordinarias" no sólo se da buena muestra, como con "El escarabajo de oro", por ejemplo, de la destreza narrativa del autor de "El cuervo", el poema más tenebroso de la historia. También es punto de partida de la tradición de la novela negra que ha llegado hasta nuestros días, con "Los asesinatos de la calle Morgue" y en el detective Dupin.

Y, sobre todo, reúne clásicos inmortales, escritos entre 1830 y 1846, como "La caída de la casa Usher", "Ligeia", "El entierro prematuro", "El corazón delator", "La máscara de la muerte roja", "William Wilson" o "El gato negro". Es decir, la muerte, el recuerdo, el amor, el odio, la violencia, la belleza, el miedo, la culpa o la locura, ante una realidad que, como escribió Carlos Fuentes, es "un sueño enfermo".

3. "Drácula": Bram Stoker

Obra maestra indudable, por fin la novela se sitúa al frente de la literatura del miedo, con uno de los grandes subgéneros habidos y por haber: los vampiros. Es sobradamente conocido que un psicópata decimonónico, Vlad Tepes, inspiró a Stoker, pero no lo es tanto que bebió de otras fuentes literarias, y tan lejanas.

Por ejemplo, la famosísima novela de Sheridan le Fanu, "Carmilla", una referencia para los amantes de las crónicas vampíricas -antecedente de Ann Rice, por supuesto-, versión femenina con indudable poso lésbico.

De ahí sacará, entre otras cosas, Stoker el atisbo sexual que hay tras el ansia de sangre de Drácula, más allá de la sífilis rampante que, al final, acabó con él; y que hacía que la necesidad de sangre no sólo una urgencia del conde de Transilvania, el gran mito de la literatura anglosajona, con infinidad de secuelas.

Pero Stoker es, aunque no lo parezca, más que "Drácula". Firmó una ingente cantidad de obras, entre novelas y cuentos. Bien es verdad que un tanto irregulares, pero entre las que sobresalen algunas joyas, como "El entierro de las ratas" o "La dama del sudario", en donde reescribe la fórmula de Drácula.

Los "Cuentos de Medianoche" exigen, no obstante, la variedad de las composiciones, eso sí, siempre góticas, del autor irlandés. "Los seres que llamamos vampiros existen. Algunos de nosotros tenemos pruebas irrefutables de ello". El profesor Van Helsing, ya sabía que el mito no moriría. Ah, la sangre de los lectores.

4. "Libros de sangre": de Clive Barker

Que el discípulo esté antes que el maestro podría parecer una herejía. Pero no: literariamente no lo es. Barker, en cualquier caso, poco tiene que ver con Stephen King. Barker es el ídolo contemporáneo del cabo del miedo.

Partamos de una cita muy conocida suya para que nos sirva de escenario: "El miedo es un lugar donde puedes decir la verdad". Sí. Ésta es la visión del terror que Barker ha insertado en la narrativa contemporánea, dentro de su, igualmente, terrorífica multiplicidad: pintor, dibujante, director de cine, dramaturgo, pintor.

"He visto el futuro del terror, y su nombre es Clive Barker", dijo de él hace ya unos cuantos años King. Pero lo mejor estaba aún por llegar: "Me da miedo dar miedo", llegó a proclamar Baker para poner freno a su explosivo cóctel que escandalizó a pocos, pero entusiasmó a muchos.

Un miedo perverso, pornográfico, sin más límite moral que la imaginación, un miedo arraigado en el Goya más negro. Recuerden: en el miedo está la verdad.

Otra vez, el relato, corto por supuesto. Eran los años 80 y Barker publicó una serie de recopilaciones de sus relatos cortos a las que llamó "Libros de sangre", en 1, 2 y 3 volúmenes consecutivos, que con una discreta acogida, dejó paso a su primera novela, "El juego de las maldiciones", de gran éxito en EE UU.

Y que relanzó, con efecto retardado, a "Libros de sangre" -en España están publicados, como "Hellraiser", por La Factoría de Ideas-, como uno de los fenómenos de la novela de terror en el siglo XX, que, además, ha aumentando en otros tres volúmenes que, de nuevo, se encuentran cara a cara con las obsesiones más perversas del ser humano.

Además, no repite ni uno solo de los tópicos del género. Aunque, eso sí, no hay mayor fuente de mal que el propio ser humano. Un discípulo aventajado es Jack Ketchum con, por ejemplo, "Al otro lado del río".

5. "Cuentos pavorosos": Guy de Maupassant

Los clásicos se despiertan en el cementerio. Un maestro absoluto del género breve sale de su tumba y escribe: "Aquí reposa Jaques Olivant, fallecido a la edad de cincuenta y un años. Amaba a los suyos, fue honrado y bondadoso, y murió en la paz del Señor".

Ahora, el muerto escribe con la punta del hueso que había sido su índice: "Aquí reposa Jaques Olivant, fallecido a la edad de cincuenta y un años. Apresuró con sus duras palabras la muerte de su padre a quién deseaba heredar; torturó a su mujer, atormentó a sus hijos, engañó a sus vecinos, robó cuanto pudo y murió miserablemente".

Es "La muerta", en donde Maupassant escribe una de las escenas más buscadas del 1 de noviembre. Más escalofriantes aún es, lo sigue siendo, "El Horla", joya entre perlas sangrientas, fantasmales y terribles de estos "Cuentos pavorosos" por los que no pasa el tiempo: suicidios, hipnosis, neurosis, obsesión, soledad, desequilibrio, locura y, por supuesto, el miedo del hombre ante sí mismo: su peor fantasma.

6. "Soy leyenda": Richard Matheson

El cine y la novela de terror son dos artes y un destino. Pero cuándo daño ha hecho la gran pantalla, por ejemplo, a Matheson, convirtiendo una obra maestra en un acontecimiento vulgar. Afortunadamente, como Robert Neville, sobrevive, aunque sea -no lo voy a decir- en un mundo de vampiros.

Catapultada más como una obra de ciencia ficción que de terror -con lo que no estoy de acuerdo-, simboliza, en cualquier caso, este encuentro fructífero que, juntos, dan lo mejor de sí, lo mejor de ambos géneros reunidos en uno solo.

Hay multitud de ejemplos, como la novela de Max Brooks, que no sé muy bien por qué me condujo a leer de nuevo a Matheson, que ha resucitado el submundo de los zombies y que, a poco que pasen los años, será tomada como obra maestra del género: "Guerra Mundial Z", que en España ha publicado Almuzara. Por cierto, que hace tan sólo unos días Berenice, del mismo grupo editorial, sacó a la calle "Zombi. Guía de supervivencia". ¿Un exceso? Puede ser, pero Brooks ha rescatado la pasión por el mundo redivivo.

Pero, estábamos en Matheson, leyenda ya. Y en el desasosiego que engendra, porque al fin y al cabo, nos hace ver que no hay escapatoria, que quien sabe si lo normal es una anomalía, que estamos condenados. ¿O no, Neville?

7. "La feria de las tinieblas": Ray Bradbury

Bradbury, uno de los grandes de la ciencia ficción, casi le basta "Crónicas marcianas", quizás por ello a muchos le cuesta encasillarlo en las novelas de terror. Porque él, a diferenciaas de Matheson, por ejemplo, no cruza, sino que mantiene bien diferenciados los géneros.

Pero no hay dudas. Aquí "La feria de las tinieblas" es, como las otras dos, una referencia en lo suyo. Sí, aunque muchos no lo crean. Aunque siempre que digo esto de Bradbury me acuerdo de J. G. Ballard -¿acaso no es un caso muy parecido?, incluso con más novelas-, aunque, con toda admiración hacia Ballard, quizás nada parecido a esta "Feria de las tinieblas", o de las vanidades.

Tan solo la inocencia de dos niños, James Nightshade y William Halloway, son capaces de atajar el precio de obedecer a los sueños de una moderna lámpara de Aladino, genios que atrapan las almas de todo un pueblo. Un Bradbury y una novela que, a cada rato que pasa, cobra aún más actualidad, y, sobre todo, es más escalofriante.

8. "Psicosis": Robert Bloch

Entallada en la memoria colectiva por la película, apenas se sabe que Joseph Stefano y Alfred Hitchcock, con la ayuda del propio Robert Bloch (1917-1997), siguieron letra a letra para el guión la novela de uno de los grandes maestros del terror, la ciencia ficción y, más desconocido, de la novela policíaca.

Bloch sumó una considerable trayectoria, prácticamente por todos los vericuetos de la literatura de terror, desde el sangriento al sideral. Sí, en "El vampiro estelar", en el que el protagonista es un trasunto de Lovecraft, el gran mentor, de Bloch, pero al que da una muerte feroz. Bloch firmó guiones, por ejemplo, de "Star Trek".

Pero estamos leyendo "Psicosis", inmersos en la mente de Norman Bates, andando por los pasillos de su motel: "Soy Norma Bates -dijo la aguda voz. Y entonces sacó un cuchillo, Lila corrió y gritó. Sam llegó y el cuchillo se alzaba rápido como la muerte, Sam retorció la mano que lo sostenía, el arma cayó al suelo. Se oyó un chillido de una mujer histérica y salía de la garganta de Norman Bates".

Probablemente, sin el genio de Hitchcock -y ocurre, aún así- habría pasado de puntillas por la inquietante novela de Bloch, genio y figura. Veinticinco novelas e incontables cuentos, algunos de los más relevantes han sido recogidos por cierto en "El que abre el camino", editado por la impagable Valdemar.

9. "John Silence, investigador de lo oculto": Argernon Blackwood

El género del terror es muy dado al relato, más que a la novela. La tensión, el eje sobre el que gira la ruleta del miedo, es difícil de sostener. Hay formidables autores que han dominado el cuento -Maupasant, sin ir más lejos, como también Argenon Blackwood-, género matriarcal, por tanto, de la literatura de terror, pero que se han perdido en la novela.

Blackwood (1869-1951) es un ejemplo revelador. Sus más aplaudidos relatos son, quizás, los que se adentran en los miedos ancestrales a la inmensidad del bosque, como "El Wendigo" y "Los sauces" -al cual Lovecraft otorgaría la distinción de ser "el mejor relato de terror de todos los tiempos"-, pero, como obra de conjunto, imprescindible es "John Silence, investigador de lo oculto".

Es una célebre recopilación de relatos de Blackwood centrados en las andanzas de su celebérrimo investigador sobrenatural, John Silence. Posesiones diabólicas como la de "Una invasión psíquica"; pesadillas angustiosas como la de "Culto secreto"; uno de los mejores relatos acerca del mito de la licantropía: "El campamento del perro"; aldeas embrujadas, "Antiguas brujerías", o el terror más clásico y gótico en "El ocupante de la habitación". Un poco para que nos podamos sumergirnos en un autor básico creador de atmósferas fantasmales.

10. "It": Stephen King

¿Qué hacer con Stephen King? Irregular y prolífico, el autor norteamericano ha firmado, en cualquier caso, una serie de obras que han de estar en cualquier lista, por todos los lectores que han dado al género. Salen unas cuantas: "Cementerio de animales", "El resplandor", "El misterio de Salem's Lot", "Misery", "Carrie"...

Es evidente que King debe figurar en cualquier relectura de la novela de terror, pero ¿con qué obra? Del mismo modo, literariamente deja bastante que desear si se le compara con Poe o Lovecraft, sin ir más lejos. O con Barker.

Aunque cualquier parecido es casualidad. Sus más de 200 obras no dan para, evidentemente, una exigencia mínima de calidad literaria. Pero entre la paja, florece el trigo. Y King, eso sí, atesora una gran virtud, su extraordianaria capacidad para detectar la paranoia presente en nuestro tiempo.

No le falta razón cuando afirma que "exporto pequeñas experiencias de EE UU". En cualquier caso, como se trata de elegir, me quedo en Derry y sus secretos, uno de los pocos escenarios de King en los que merece la pena volver. "It", por tanto, proclamada con el mejor King, y, todo sea dicho, el inicio de su declive.

Y un epílogo para Halloween...

¿Sólo diez obras maestras? ¿Pero y los fantasmas? Están en decadencia. Hay que mirar, como siempre, atrás. Hacia Edward Benson y "La habitación de la torre. 13 cuentos de fantasmas". O, ufff, el olvidadísimoWilliam Hope Hodgson y, por ejemplo, "Los piratas fantasmas".

No son precisamente fantasmas, tampoco Arthur Machen -"Los tres impostores" por delante-, Walter de la Mare, La Fanu, Robert E. Howard, Theophile Gautier, Gaston Leroux, W. W. Jacobs o Gustav Meyrink, por supuesto, con "El Golem". Aunque ninguno tan olvidado como L.R. Stine. Muchos de ellos, los contemporáneos, están reunidos en "El horror según Lovecraft", colección de textos favoritos del autor británico.

Más clásico, en la lista podría estar "El monje" de Matthew Gregory Lewis o "Melmoth el errabundo", de Charles Robert Maturin. ¿Y Frankestein? Lo mismo, es cuestión de gusto, aunque el monstruo de Mary Shelley a veces sufre las consecuencias del empalago al que le ha sometido el cine. La novela, de verdad, es más tenebrosa de lo que el cine nos deja imaginar.

Coantemporáneos, está "El exorcista" de William Peter Blatty, "El hombre lobo en París", Guy Endore, y "La semilla del Diablo", Ira Levin, aunque los tres están inflados por el éxito de sus versiones cinematográficas.

Lo mismo que sucede, aún sin cine, con el Dean Koontz, de "Sr. Asesino" a "Nocturno". ¿Y en español? Hablamos de Hallowen, pero no pondré punto y final sin recordar al gran Horacio Quiroga, uruguayo, y al demasiado ya olvidado Alfonso Sastre, con "Las noches lúgubres". Como la de Halloween.

Videojuegos para la mente

Namco Bandai Mobile ha lanzado el único juego para móviles aprobado oficialmente por el Doctor Kawashima. Lleno de minijuegos para mantener en forma nuestro cerebro, es perfecto para entrenar día a día.

Ryuta KawashimaLos creadores de videojuegos quieren desestigmatizar su trabajo y colaboran, cada vez con más frecuencia, con médicos y especialistas que investigan y desarrollan un nuevo concepto de videojuegos saludables. El célebre neurólogo japonés Ryuta Kawashima, padre del brain training y padrino de tantos juegos de entrenamiento mental, responde a nuestras preguntas aprovechando el lanzamiento del último juego supervisado por él.

Hay un montón de géneros de videojuegos. En todos los años que lleva investigando, ¿ha encontrado géneros que tiendan a estimular el cerebro más y otros que estimulan el cerebro menos?

-Sí. No puedo decir que sea cierto para absolutamente todos los casos, pero la actividad cerebral que un juego produce depende del género principal del juego. Entre los géneros que prácticamente no ejercitan el cerebro estarían los shooters, por ejemplo. Los juegos de puzle, por otra parte, no ejercitan casi nada el lóbulo frontal.

Hablando de ello, los puzles en Brain Magister están clasificados como juegos que ejercitan principalmente el lóbulo temporal y el lóbulo parietal.

-Efectivamente. Incluyendo los puzles, los juegos en los que tienes que pensar intensamente para encontrar la respuesta son generalmente menos adecuados para el córtex frontal; en cambio, los juegos deportivos lo ejercitan más. Y los juegos de rol, en los que tienes que intentar entender las mentes de tus adversarios, activan el área del cerebro que controla lo que en psicología llamamos Teoría de la Mente. En lo que respecta a juegos de acción, no hay prácticamente activación de la región prefrontal del cerebro. En estos casos tendría que decir que hay más actividad en la región responsable de la percepción visual.

En comparación con el género de brain training, ¿hay otros juegos que puedan ser tan efectivos para producir actividad cerebral?

-No lo creo. Quiero decir, no sé si podemos considerar ya el brain training como un género, pero si lo es, los productos de ese tipo como Brain Magister se han hecho con juegos que hemos comprobado experimentalmente que incrementan la actividad cerebral. Mientras tanto, otros juegos se han desarrollado desde un punto de vista totalmente diferente, es decir, los juegos normales se desarrollan desde el punto de vista del entretenimiento, sin ningún conocimiento del efecto que tienen en los seres humanos.

Existen otros tipos de juegos, que no requieren un ordenador, como el Ajedrez o el Go. ¿También activan el cerebro?

-Sí. Lo hacen cuando juegas contra otras personas y no mucho cuando juegas con el ordenador como rival. Cuando el juego actúa como una herramienta de comunicación, la región prefrontal se activa considerablemente. Sin embargo, cuando juegas contra el ordenador tu cerebro no estará muy activo.

Entonces, ¿cuál es la mayor diferencia entre jugar con otra gente o jugar con videojuegos?

-En realidad, son actividades totalmente diferentes.

Usted ha dicho en alguna ocasión que "mirar a alguien a los ojos y hablar" es bueno.

-No es sólo eso. Para empezar, el aspecto externo es totalmente diferente, el comportamiento del interfaz es diferente, y si puedes predecir o no las respuestas del oponente también es diferente.

miércoles, octubre 29, 2008

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