El historiador y analista Lorenzo Meyer explica el significado de la vecindad entre las dos naciones
Eileen Truax
eileen.truax@laopinion.com
14 de octubre de 2007
"Un país débil y vecino de una gran potencia, que se convierte en la única gran potencia, tiene muy poca capacidad de maniobra. Y esto no es de ahora, es de siempre". No se necesita reflexionar a profundidad para saber de qué habla Lorenzo Meyer cuando expresa la anterior aseveración: de México, de Estados Unidos, y de la relación de vecindad que ha traído ventajas y desventajas, unas más que otras, para los dos involucrados en el asunto.
Meyer, académico, historiador y uno de los analistas políticos más respetados de México, trabaja actualmente en la investigación para lo que será su próximo libro, que abordará precisamente el tema de la relación México-Estados Unidos.
"Es un tema de siempre y de muy pocas veces al mismo tiempo", asegura. "Para México esto es una constante; su relación principal, a veces única, es con Estados Unidos. Desde la segunda mitad del siglo XIX, cada vez que México tiene una relación importante, para bien o para mal, con otro país, en realidad estamos terciando con Estados Unidos".
Sin embargo, considera, para el vecino del norte no es necesariamente así. "No es una relación importante, porque la gran potencia nunca la ha visto así; en realidad, tiene otras ocupaciones. La única vez que fuimos el centro de su preocupación fue durante la guerra con México, luego ha sido secundaria".
Entonces, ¿dónde quedan los asuntos que en la actualidad componen la agenda bilateral?
"Bueno, hay temas que son norteamericanos, internos, pero donde México es un factor, y a esos sí se les pone atención", explica el académico. "Los indocumentados y el narcotráfico ahora; el Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLC) a principios de los 90 [y], la necesidad de braceros en los años 40 y 50, son problemas internos que resultan también temas mexicanos".
Meyer afirma que Estados Unidos está consciente de su necesidad de trabajadores migrantes. "Ellos lo saben, pero por la presión política, cultural, racial, quieren que no sean indocumentados, que sea en sus propios términos. Y hay fuerzas no gubernamentales mexicanas que no aceptan esos términos, y ahí empieza el conflicto, con el mexicano normal que está en Guanajuato y decide venirse, y le importa un pito lo que piense la derecha norteamericana, los antiinmigrantes o el profesor Huntington en Harvard".
De acuerdo con el historiador, ese asunto, el de la migración indocumentada, es algo que el gobierno mexicano no puede impedir, y que en cierta medida tampoco lo desea. "La gran potencia tiene una política hacia el gobierno mexicano, pero, desde la posición mexicana, el gobierno tiene una situación insostenible, porque no puede crear empleo y México no tiene en su Constitución ningún elemento para detenerlos; un mexicano puede salir cuando quiere", señala.
Sin embargo, reconoce que la responsabilidad no recae en uno solo de los lados. "Es muy complicado, porque en parte es la brutalidad económica, la corrupción, la ineficiencia de los gobiernos... y el fenómeno se da independientemente de la voluntad política de los países. La potencia se puede imponer cuando es de gobierno a gobierno, pero cuando es de una parte de la sociedad a gobierno, pues entonces la Patrulla Fronteriza aumenta, se llama a la Guardia Nacional, se crea esta barda", dice refiriéndose al muro fronterizo. "Quizá si Estados Unidos, como país, como sistema político, realmente deseara detener el flujo de migrantes, lo haría. Pero hay muchas contradicciones internas y eso deja espacios para que los mexicanos sigan entrando en condiciones difíciles, humillantes, de subordinación total, de desprotección".
A pesar de ello, considera, una reforma migratoria es una posibilidad real, porque se ha dado en el pasado. "El proceso de la Simpson-Rodino se dio igual, los actores casi son los mismos y el objetivo siempre es de corto plazo. Esa amnistía no resolvió el problema, se ha ido acumulando y ahora estamos en un momento en el que las ‘capas tectónicas’ están a punto de moverse otra vez", vaticina.
Con respecto al otro gran problema bilateral, el narcotráfico, Meyer considera que con la puesta en marcha de un plan para combatir la inseguridad por parte del gobierno de Felipe Calderón, que ha derivado en lo que ya algunos llaman "Plan México", Estados Unidos logró algo para lo cual había estado haciendo presión, "y que a muchos de nosotros no nos gustaba: que pusieran al Ejército en la lucha contra el narcotráfico. ¿Por qué él no pone a su Ejército?", se pregunta.
El inconveniente que encuentra el historiador, además del hecho de lo fácilmente corruptibles que son los elementos del Ejército Mexicano por los bajos salarios que perciben, es que el tema del combate a la inseguridad es más complejo que sólo el narcotráfico.
"El tema del narco le interesa a Estados Unidos; pero para el mexicano común y corriente la inseguridad es mucho más, es subirte al transporte público y que te asalten; eso no les pasa a los norteamericanos. Y el Ejército yo no veo que pueda solucionarlo, es un problema de policía, de una sociedad que no crece. La sociedad mexicana ha crecido, en términos reales, menos del 1% anual de 1983 a la fecha. Ahí está uno de los temas centrales. Pero como eso no se puede arreglar, hay que hacer ‘como que’, y dar resultados políticos", señala. "Hay una ilusión no sólo de los políticos, sino de la sociedad misma, de que ver a los uniformados da seguridad; pero es más complejo, hay que crear trabajos, hay que crear sentido del futuro. Si no se tiene sentido del futuro".
A pesar de lo que califica como una gran asimetría entre ambos países, Meyer considera que, tras la elección presidencial de 2008 en Estados Unidos, podría haber un escenario "un poquito mejor".
"Personalmente los Bush tuvieron una buena actitud hacia México, el papá y el hijo", afirma. "El problema es el Partido Republicano, tomado por conservadores muy conservadores, en donde los dogmas y las visiones cerradas son más fuertes que de costumbre. Pero los demócratas son más flexibles; puede ser que, de llegar al poder, puedan negociar más con los problemas interno-externos que son los mexicanos".
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