domingo, septiembre 16, 2007

Padres de Madeleine lanzarán campaña informativa

El ruido de las tertulias y los fogonazos de los flases han convertido el caso Madeleine en un caso del que todo el mundo habla. No sólo se habla. Se especula, se lanzan todo tipo de hipótesis y se duda de todas las versiones. La sensación de irrealidad y de perplejidad se acrecienta cada día que avanza la investigación. En medio de todo eso, los McCann, un matrimonio sospechoso de haber montado una ficción en torno a la desaparición de su hija. La policía portuguesa trata de aclarar con pruebas lo ocurrido pero las pistas se confunden con todo lo dicho y publicado.

La sofisticada campaña de prensa y mercadotecnia organizada por la familia McCann dio a conocer el caso al mundo. La vacilante investigación policial, cegada por el poder, las cámaras y los focos, lo alargó en el espacio y el tiempo. La historia de Madeleine nació como el alivio para el calvario de dos padres, ha dado una vuelta completa y hoy es una tortura de otro signo para los McCann, antes víctimas oficiales y hoy sospechosos, si no de la desaparición de su hija, al menos de haber construido la coartada del siglo. Ironía cruel, su esperanza ahora es el abogado de Pinochet.


La niña es tan famosa como Harry Potter, y su madre, Kate, compite con Lady Di
Enganchado a esta telenovela demasiado humana que parece escrita por un guionista borracho, el público alucina, analiza, pregunta: es el primer suceso interactivo, y eso dispara la sensación de prisa e irrealidad. El ruido casi no deja oír. Cientos de periodistas rastrean la exclusiva, y así surgen las especulaciones, los detalles zafios y los creíbles, y mientras el público pide más y más, el ruido va creciendo, y el monstruo alimentándose con pelos y señales, hipótesis y tesis, verdades a medias, mentiras.

¿Hablamos -escribimos- sobre personas o sobre personajes de ficción? En Francia un periódico dice que el análisis señala sobredosis de pastillas, en Portugal un diario maneja la tesis de la bofetada, en Inglaterra otro da por hecho que la policía colocó pruebas falsas en el coche. El caso Madeleine se ventila en la plaza pública con la velocidad irresponsable y moderna de la tertulia en directo. Los vaivenes de la fama, la construcción de una marca global en cuatro meses (FindMadeleine), la conexión católica, el factor económico y social, las implicaciones Norte-Sur (¡Sostiene Pereira!) son fascinantes... ¡Y la justicia, esa cosa tan antigua, lenta y metódica, tarda tanto en pronunciarse! ¿No podría el guionista correr más?

Los McCann y muchas otras personas ven con espanto cómo el monstruo mediático que tanto cuidó a la familia apabulla ahora, con la misma lógica voraz, su condición de inocentes legales. Quizá los McCann no pensaron, ha escrito el analista Vasco Pulido Valente, que ése era el precio que pagarían por depositar el caso en manos de la prensa al avisar a la cadena Sky News antes que a la policía. Ayer, John McCann, hermano de Gerry, aclaró en Expresso que fue su hermana Patricia la autora de la llamada, aunque afirmó que lo hizo porque sólo habían llegado dos agentes para tratar de obtener "mejores resultados". Para Valente, esa decisión, inimaginable hace 20 años, enseña a lo que ha llegado "la abyecta cultura democrática de Occidente" construida en torno al poder ilimitado de los medios anglosajones. El serial antiguo, dice Vicente Verdú, reconvertido en éxtasis de la incertidumbre.

¿Pero acaso alguien sabe a estas alturas si este caso es un gran bulo.com, un Show de Truman a escala planetaria, una cortina de humo auspiciada por los centros de poder para desviar la atención de asuntos más graves (¿qué demonios hacían cuatro equipos de la CNN el otro día en Portimão?), una venganza policial o un mero linchamiento de inocentes? La locura en curso hace que la opción más disparatada, o todas a la vez, suene plausible.

Lo único que falla es que esto no es ficción. Esa niña de tres años que debía cumplir cuatro el 12 de mayo es (o fue) real. El dolor de su familia, pasara lo que pasara, también. Pero en la película solo hay, de momento, una certeza. La buena es Maddie y todos los demás son (somos) sospechosos.

Ahora, el folletín es imparable. Maddie es tan famosa como Harry Potter, y su madre, Kate, compite en afecto, odios y portadas con Lady Di. Aunque el motivo de su fama no sea un truco fácil, sino esa angustiosa forma de esfumarse de repente y no aparecer, mucha gente piensa que en la tozuda ausencia de Madeleine hay algo mágico, diabólico, muy difícil de explicar. No solo se esfumó sin dejar huellas (peor aún, la policía solo consiguió encontrar sus huellas 90 días después de que se esfumara, el 8 de agosto), sino que, si echamos la vista atrás, su desaparición coincidió con actos y decisiones poco claros.

¿Por qué los McCann renunciaron al servicio de canguro del Ocean Club y a los walkie-talkies que facilitaban en recepción y estaban incluidos en el precio? Según publicó la prensa británica días después de la desaparición, los propios McCann contaron que aquella tarde los padres "jugaron un rato con los niños antes de darles el té y meterlos en la cama". A la policía siempre le extrañó que unos niños tan pequeños tomaran una bebida excitante antes de irse a la cama a una hora en la que todavía era de día. Eso alimentó la teoría de los sedantes. El abuelo de Maddie contó hace días a un tabloide que los padres de Maddie solían usar Calpol, un popular e inofensivo jarabe antitérmico, para ayudarles a dormir. Antes de eso, Sandra Felgueiras, gran periodista que cubre el caso para la televisión RTP, preguntó a los McCann en una entrevista si daban Calpol a los niños. Gerry hizo una mueca, bajó la mirada y lo negó.

El 10 de agosto, cuando la policía portuguesa acababa de decir por primera vez en púbico que consideraba "muy probable" que Madeleine muriera la noche del 3 de mayo en su apartamento, Laura Bush, esposa del presidente estadounidense, se sumó a la campaña lanzada el 29 de mayo por los padres de Maddie, "Don't you forget about me" (No te olvides de mí), un sitio especial que se colgó en Youtube para alertar sobre los niños desaparecidos. "A través de este nuevo canal, el Centro Internacional para los Niños Desaparecidos y Explotados ofrece esperanza a padres que están buscando. Por favor, miren estos vídeos y estudien los rostros de estos niños desaparecidos", dice la primera dama.

¿Cómo se entiende que nadie advirtiera a la señora Bush de que la investigación policial se dirigía ya hacia la muerte de la niña? ¿Cómo podrían los padres soportar la presión de visitar a tantas personalidades mundiales si sabían que todo era una patraña? ¿Cómo permitió la policía portuguesa que las cosas llegaran tan lejos?

Exasperados con el hermetismo policial, los medios ingleses pidieron desde el primer día briefings informativos, lograron que se nombrara un portavoz oficial para el caso (Olegario de Sousa, que ayer fue, por cierto, dispensado del cargo), preguntaron, sugirieron líneas de investigación. El 6 de mayo, Olegario de Sousa dijo que la policía no podía decir si la niña estaba viva o muerta, nadie pensó ni por un momento en la segunda posibilidad. Se habló de pederastas, de tráfico de órganos, de rescates, todas las modalidades del rapto fueron puestas sobre la mesa.

Maddie fue buscada en 15 kilómetros a la redonda y no apareció. Cuando no había grandes avances, algunos fantaseaban. El 12 de mayo, Martin Brunt, corresponsal de sucesos de Sky News, dijo en directo: "Me dicen que un pueblo o aldea ha sido rodeado por la policía en Sevilla, al sur de España. No es un viaje demasiado largo a través de la frontera". Era falso, pero la audiencia subió como nunca.

Las dudas permanecen. ¿Fue torpe la policía? ¿Fue deliberadamente engañada y presionada? ¿Se vio desbordada por la que le caía encima? ¿Todo a la vez? ¿Qué papel jugaron los medios británicos en esa actitud? Lamentablemente para la familia, lo único cierto es que la policía parece haber descartado el rapto. Kate será interrogada de nuevo esta semana. El juez del caso ya ha autorizado el interrogatorio, que será realizado esta vez por la policía británica y en el Reino Unido. El cuestionario está basado en 40 puntos que los investigadores consideran esenciales, según publicó ayer Diario de Noticias. Los agentes quieren también desmontar el coche alquilado por los McCann para analizarlo en profundidad.

A pesar de la sensación de irrealidad, los McCann sufren de verdad y lo que queda puede ser muy largo. John McCann dijo ayer a Expresso que "Gerry y Kate están arrasados por lo que están leyendo estos días". Negó las informaciones policiales que dijeron que Gerry tenía por delante una carrera política. an, El monstruo no contesta, las rotativas están rodando

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